El Huracán

viernes, 27 de febrero de 2026

 Estoy muy cansado, tal vez esto sea una confesión, o una charla, o un monólogo...no lo sabremos por ahora.


Acá estoy, me apersono ante esta energía oscura que se mueve dentro mío, que se empezó a mover hace un tiempo y a veces duele. Me fricciona, golpea contra las paredes de la jaula que la contienen, que lo contienen. El huracán; lo nombro y se atisba, como un juego de chispas que salen cada tanto de un carbón ardiendo.

Sería mucho más sencillo si fuera una de mis disociaciones, que ya nos conocemos, somos pocos y lo anterior mucho. Sigo sin poder contarlas pero por lo menos se como son, sus hábitos, sus propósitos. Ya hemos negociado varias veces; pero esto...esto es nuevo; Y cuando digo nuevo no confundan con reciente; me habita desde hace años, eso es seguro. Es novedoso que se mueva, que me moleste. Es una guerra, una bomba en el living. Es como ir caminando por la calle con una granada en la mano.

No me puedo distraer, porque avanza, gana terreno. El campo por conquistar soy yo, es el mando de este cuerpo, y no termino de identificar cuál es la línea de fuego, la zona de tregua, el código de honor. Ya se perdió ese acuerdo entre caballeros hace tiempo. Estamos durmiendo con el enemigo.



Dicen que si uno puede describir el problema que tiene, la mitad del mismo ya está resuelto...Excelente entonces, empecemos.

Nombre: El Huracán, aunque no sabemos realmente su nombre, decidimos ponerle así por las cualidades que presenta. 

Un huracán es un sistema meteorológico de baja presión y ciclón tropical intenso que se forma sobre aguas oceánicas cálidas, caracterizado por fuertes tormentas, vientos sostenidos y lluvias torrenciales. Giran en espiral, tienen un "ojo" central tranquilo y causan daños severos por viento, inundaciones y marejadas.

 

Etimología: Indígena del Caribe, hurakán : Dios de las tormentas, grandes tempestades.

Edad: Desconocida, creemos que comenzó hace más de diez años, pero notamos su presencia hace algunos meses, cuando ya era tarde, el viento movía las banderas; el agua ya bailaba con el ritmo de las canciones que escucha la gente estando en pareja a medida que hacen el duelo interno de dejar al otro mientras lo besan.

Tipo/ Raza / Orígen: Energético; no mental. Existe, por lo menos para mí, una diferenciación que se puede llevar a cabo dentro de la antroposofía de cada ser humano. Entendiendo que el bienestar se compone de cuerpo, alma y espíritu, podemos diseccionar un dolor y ubicarlo en los casilleros que lo componen. En este caso, el Huracán no vendría a tener un tinte mental, como la ira, la tristeza, la alegría. Éstas últimas si son sensaciones mentales que se pueden malear con la toma de ciertas sustancias y pueden crecer con el accionar de ciertas herramientas psicoterapéuticas. 
El viento éste, por otro lado (y digo viento éste con aires de desdén, para que entienda que si quiero le puedo restar peso) no es, por el momento, un ramificación de ninguna combinación química de líquidos del cerebro. Es pura energía.

Y ustedes dirán, cómo nos damos cuenta? por la forma en que se mueve.
Durante muchos años me senté a observar como caminan o corren, dentro mío, la furia, la calma y tantas otras emociones. Ya les tengo advertido el ritmo, el ruido, hasta el olor. 
Por ejemplo la furia; si bien puede llegar a ser bastante alborotada, tiene un patrón cuadrado, marcado; casi hasta delimitado por bordes claros que muestran donde comienza (el porque) y dónde termina (lo que la calma). Permite desarrollar métodos que le cambian el rumbo y sacarla del cuerpo a través de lo que llamo, jocosamente, exorcismos. 

(Inciso- Características:-)

Ahora bien, el Huracán (si, vos, que cuando te nombro giras sobre tu eje para que yo no deje de saber que me habitás, con un mal tilde en la a) no tiene música, no tiene prosa; es como un algo que flota dentro de la jaula que lo contiene; ubicada físicamente entre mi estómago y mi pecho. No lo siento salir de ahí, todavía no pudo (ni quiso) llegar a mis extremidades; pero, como toda energía, emite ondas electromagnéticas; pulsos. Late.
Tiene un gusto, muy diferente al de la piel erizada cuando un colibrí se posa cerca nuestro y sabemos que es un ancestro que pasó a visitar; pesa parecido a entrar a una casa con mala vibra. Es bien feo.
Ahí está, con su color negro azulado horrible, pastoso, lúgubre, como esas noches donde la oscuridad es tan densa que hasta se puede tocar.

Que fuerza tiene, es una bomba atómica de bolsillo; y me asusta mucho como funciona; porque no se le escucha. Con su sigilo avanza mientras yo llevo a cabo mis tareas. Mientras entreno, mientras vivo feliz y en paz, él se mueve; se diluye en una materia menos viva y empieza, como un gas, a expandirse en toda su jaula, a presión; muy lento, muy suave, como la caricia de una amante.


Yo me distraigo y existo; Que loco, que para estar tranquilo me tenga que desconectar de las presencias de mi cuerpo.

Sin embargo me habito a mí mismo, me busco dentro, escarbo y no encuentro vientos. Todo es felicidad.
Y de pronto, cuando la vida parece estar cansada de reír, noto que la temperatura de la habitación baja; que las luces titilan cuando camino. Hay olor a azufre y me observo en tercera persona con otro semblante.
Mis disociaciones toman el mando del barco porque saben, antes que yo, que el viento empezó a soplar y ya es tarde. Ya es muy tarde. Siento como las paredes del contenedor me duelen; me duelen las costillas; me molestan el pecho, el corazón. Pierdo el foco ocular, me siento para certificar que no sea un infarto (torpemente) y no lo es. Es el huracán, que ganó terreno y se materializó. Que me rasca las paredes del cuerpo desde adentro; y ahí sí, me enojo y siento el fervor de los volcanes dentro mío; la lava caliente haciendo fuerza sobre la capa solidificada que evita la muerte de una ciudad completa. Mahoma empieza a rezar para que las montañas se muevan y a mí se me ponen los ojos rojos; no puedo respirar, el cielo está negro, la bomba hace tic tac..y yo no puedo terminar de escribir esto.