Justicia poética

miércoles, 15 de julio de 2026

 

Miércoles, 15 de Julio del 2026.

Argentina le acaba de ganar a Inglaterra 2-1 la semifinal de la copa del mundo.

Este pequeño ensayo describe, desde la perspectiva de una persona no fanática del fútbol, las sensaciones que puede transitar un país a lo largo de un día tan importante como el que estamos viviendo.


Ya estar vivo para contarlo es un montón, no fue el caso en aquel 22 de Junio del 86. Esa fue una historia que me contaron desde que nací, mis dos abuelos futboleros. Yo mucho no entendía, ni de fútbol, ni de Dioses, ni de la coyuntura de la guerra.

Y entonces Diego metió un gol con la mano? pero eso se puede? preguntaba yo, iluso, sin entender que le estábamos haciendo trampa a los piratas. De allí se desprendían, en la mente de un niño, algunas conjeturas extrañas, como que el argentino era tramposo pero idolatrado; como que si hacías algo mal pero ganabas y tenías una razón por la cual ganar, estaba todo bien.

También me contaron que ese día el aire se cortaba con cuchillo. Mientras escribo escucho a la gente festejar, entran los gritos y ruidos de bocinas por la ventana. Se siente la resonancia límbica de la felicidad.

Todo estaba tenso y apareció el primer gol, el robo, la magia de ladrón, del intachable Dios. El estadio venido abajo, la gente alentando, y tan solo algunos minutos después sucedió otro milagro. Mi abuelo se arremanga el pullover marrón y se inclina hacia adelante en su silla, mientras yo, lo miro atento con pocos años como creyente atiende a la palabra del señor. Arrancó el diez desde mitad de cancha y después de llevarse puestos a 5 ingleses, metió el segundo gol y la locura era total. Estábamos ganando una guerra en el pasto, el estadio era un campo de batalla. 
La historia fue mutando con los años, pues contada desde otros ángulos y con otros sabores, se volvía cada vez más interesante. Luego llegó youtube y el resto del cuento se cuenta solo..hasta el sol de hoy.
El destino es algo mágico, azaroso, caótico, pero justo. Sabe donde y como dar en la tecla, y hace unos cientos de minutos, volvió a enfrentar a dos países en un partido de fútbol. Países con un pasado tan oscuro y espeso, que solo pensar en el evento nos traía a todos un pensamiento bélico de destrucción.

"Por los pibes de Malvinas" no dejo de escuchar cantar. No se si es por ellos. En parte si, claro, pero hay algo más profundo. Nunca fui fanático del fútbol, ni lo seré supongo, pero hoy me abracé con mis amigos como hace años no lo hacía. Todos los barrios se abrazaron entre ellos. Todas las viejas rezando, metiendo papeles con nombres en las heladeras, y de pronto perdemos 0 - 1. A esta altura ya nada nos asusta y menos nos iban a asustar estos tipos. Entonces cuando hace falta creer, creímos. Y apareció...

Y grité, como grité. Fue visceral, había algo dentro mío que brotaba como el fuego de una hoguera, un dolor que no me pertenecía y se convirtió en Gol, raspando la garganta mientras abandonaba mi cuerpo. Me abracé con mis amigos y amigas en un acto de amparo para saber que todos, absolutamente todos, estábamos jugando este partido. Las chicas lloraban y todavía íbamos 1-1 , y acá, acá es donde todo empieza a iluminarse.

Paré un segundo a intentar sentir la frecuencia del país, intenté conectarme, no con la gente que me rodeaba, sino con todas las personas que estaban frente a la tele o prendidos a un celular. Los vi, los sentí, y es increíble cuando mas de 50 millones de corazones laten para el mismo lado; es como si pudiésemos, en ese momento de fe colectiva, domar el viento, controlar el tiempo, hacer llover.

Esa resonancia absoluta no conoce de distancias, atraviesa al mundo entero y se conecta con los compatriotas que viven del otro lado del océano, en las zonas mas alejadas de nuestra Pampa. Todos los humanos tenemos un "cable" que nos conecta con los nuestros. Ese cable es mas fuerte con papá, mamá, amigos, hermanos, y algo mas fino con conocidos o compañeros, pero existente. En algún momento de la evolución científica sabremos explicarlo mejor, como cuando descubrimos que la tierra no era el centro del universo.

Y llegó, toda esa puja llegó a donde tenía que llegar y entró el segundo balón al arco inglés. Incomprensible, los mecanismos de la euforia y el placer poniendo fin al goce del sufrimiento de ver un empate con un reloj avanzado, todo el tiempo chequeando si el corazón aguantaba un poco más.

Tal vez nunca entienda el fútbol, que para muchos es una pasión menos mundial, como River o Boca. Pero lo veo, lo observo en los hinchas acérrimos. Es un juego, en el fondo es un juego, pero hoy me conectó con la historia, con mi país y con mis amigos. Hoy sentí viendo fútbol, hoy me emocioné viendo fútbol. Hoy fui testigo (y agradezco) de una guerra sobre el pasto, de una reivindicación territorial, de un milagro.
Fui testigo de la fuerza de la creencia, del poder de la Fe.

Tendremos el país que merecemos, con sus chantas, con su inseguridad, con su economía, y así puedo seguir hasta mañana...pero somos argentinos, como las Malvinas, como el Papa, como Dios.

Y si, nosotros también somos ladrones, pero ladrón que roba a ladrón....argento, de la cuna hasta el cajón.

Vale la pena

viernes, 10 de julio de 2026

 Vale la pena escribir también cuando todo pasa.
La vida es linda de este lado.


No puedo evitarlo, recorro los textos de este blog y me encuentro en estados desconocidos. Bah, desconocerlos sería una hipocresía. Tal vez el adjetivo que busco es otro, no lo ahondo aún. Pero lo reconozco, me veo siendo una persona que también soy a veces (siempre). Convivo con él, convivimos. Somos. 

Jesús dijo, cuando se le preguntó quién eres? Yo soy el que soy. Bueno, en tal caso, nosotros somos quienes somos. Ya hace mucho que corporalmente me considero un ser indivisible pero mentalmente no. Si pudiésemos dibujar tres círculos, espíritu, mente, cuerpo, el del medio sería una torta con varias porciones.

De todas formas, así como en el pasado utilicé esta herramienta para exorcizar el dolor de sentir el mal caminando dentro mío, hoy lo hago para acariciar con paz las teclas que dan vida a este par de oraciones. Es inevitablemente pendular, lo que el árbol tiene de florido...y así será por siempre. Quizás me de un poco de vértigo que los momentos de ira duren más y que los de calma duren menos. Ojalá sea al revés, deseo que este calma dure un tiempo largo. Hoy estoy bien, estamos bien (perdón, hablé de ustedes y los desconocí en dos renglones). Lo importante? la libertad.

Estoy preparado una suerte de carta póstuma, se las haré llegar después de morir, obviamente, como un eco de la eternidad. 

No existe aún, si este es el último texto publicado de este blog, no la busquen al pedo. Solo lo comento porque me parece una buena idea hacer el ejercicio de hablarles desde el mas allá, aunque ya no esté. Esperemos que eso no suceda pronto, pero tampoco dentro de mucho.

Hoy estamos bien, lo importante? la libertad.