Vale la pena escribir también cuando todo pasa.
La vida es linda de este lado.
No puedo evitarlo, recorro los textos de este blog y me encuentro en estados desconocidos. Bah, desconocerlos sería una hipocresía. Tal vez el adjetivo que busco es otro, no lo ahondo aún. Pero lo reconozco, me veo siendo una persona que también soy a veces (siempre). Convivo con él, convivimos. Somos.
Jesús dijo, cuando se le preguntó quién eres? Yo soy el que soy. Bueno, en tal caso, nosotros somos quienes somos. Ya hace mucho que corporalmente me considero un ser indivisible pero mentalmente no. Si pudiésemos dibujar tres círculos, espíritu, mente, cuerpo, el del medio sería una torta con varias porciones.
De todas formas, así como en el pasado utilicé esta herramienta para exorcizar el dolor de sentir el mal caminando dentro mío, hoy lo hago para acariciar con paz las teclas que dan vida a este par de oraciones. Es inevitablemente pendular, lo que el árbol tiene de florido...y así será por siempre. Quizás me de un poco de vértigo que los momentos de ira duren más y que los de calma duren menos. Ojalá sea al revés, deseo que este calma dure un tiempo largo. Hoy estoy bien, estamos bien (perdón, hablé de ustedes y los desconocí en dos renglones). Lo importante? la libertad.
Estoy preparado una suerte de carta póstuma, se las haré llegar después de morir, obviamente, como un eco de la eternidad.
No existe aún, si este es el último texto publicado de este blog, no la busquen al pedo. Solo lo comento porque me parece una buena idea hacer el ejercicio de hablarles desde el mas allá, aunque ya no esté. Esperemos que eso no suceda pronto, pero tampoco dentro de mucho.
Hoy estamos bien, lo importante? la libertad.